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DE ASUNTOS PÚBLICOS

Perú se enfrenta a 9 meses de incertidumbre política

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A las 10am de hoy, 10 de noviembre de 2020, el presidente del Congreso, Manuel Merino de Lama, asumirá la presidencia de la República. Se cierra así un nuevo episodio del conflicto entre Ejecutivo y Legislativo abierto con el resultado electoral del 2016. Faltan todavía nueve meses para las elecciones generales de abril de 2021. El 28 de julio próximo, junto con la conmemoración del Bicentenario de vida republicana, asumirán otro Gobierno y otro Congreso, cuya responsabilidad primordial será cerrar uno de los ciclos políticos más convulsos de la historia reciente: tres presidentes y dos parlamentos en tan solo cinco años. El panorama para las decisiones empresariales sigue siendo desafiante.

LOS RIESGOS DESDE EL CONGRESO COMPLICAN EL CLIMA DE NEGOCIOS

El actual Congreso se ha convertido en una creciente fuente de riesgos regulatorios para diversos sectores, como el financiero, el previsional, el educativo, el de servicios públicos y el de infraestructuras, entre otros. Según 7 de cada 10 ejecutivos sondeados por el Servicio de Análisis Empresarial de Apoyo Consultoría en octubre, el factor que crea mayor preocupación para sus decisiones de inversión es precisamente el riesgo regulatorio proveniente del Congreso.

El Ejecutivo y el Tribunal Constitucional se habían constituido en diques de contención ante la actividad normativa del Congreso. Dadas las abrumadoras mayorías con que estas normas están siendo aprobadas en el parlamento, el poder formal de veto del Gobierno había quedado anulado en la práctica; sin embargo, instancias como el MEF apelaron durante los últimos meses a la presión a través de medios de comunicación y líderes de opinión para moderar las posiciones del Congreso y, en algún caso, incluso consensuar el texto de una norma. Por otro lado, el Tribunal Constitucional (TC) aparece aún como un garante de principios como la no intervención en los contratos o la prohibición a las iniciativas de gasto desde el parlamento. Sin embargo, el Congreso tiene en curso el proceso de elección de nuevos magistrados para este órgano.

Si el Ejecutivo de Manuel Merino se convierte en un brazo del Congreso y la nueva composición del TC es menos celosa en la defensa de estos principios constitucionales, el clima de negocios en el Perú se puede enrarecer debido a una explosión de legislaciones con alto contenido de intervención microeconómica, enfocadas en satisfacer demandas de grupos de la población sin mayor sustento técnico. Incluso, la nueva configuración política puede poner en riesgo la admirada solidez fiscal peruana. El MEF queda temporalmente descabezado en medio de las discusiones para la aprobación del presupuesto del próximo año y no existen incentivos claros para suprimir la reiterada vocación del Congreso por aprobar iniciativas que implican gasto público. De hecho, hoy el riesgo para el sector empresarial también puede ser tributario. Con un parlamento proclive a cargar la factura de la crisis sanitaria y la recesión al sector privado, no se puede descartar el alza de tasas tributarias o la creación de nuevos impuestos empresariales o al patrimonio personal.

EL PRIMER GABINETE DE MERINO ES EL NUEVO HITO A SEGUIR

Bajo el marco de la Constitución de 1993, esta es la segunda transición de esta naturaleza. En noviembre del 2000, el Congreso declaró también la incapacidad moral permanente del entonces presidente, Alberto Fujimori. Ante la renuncia del único vicepresidente en funciones, fue el presidente del Congreso, el opositor Valentín Paniagua, quien asumió como presidente de un gobierno de transición.

Paniagua, siguiendo lo que dicta la Constitución, convocó inmediatamente a elecciones generales. En la situación actual, las elecciones ya han sido convocadas para abril. Merino se ha comprometido a respetar este cronograma, lo cual ha sido también una demanda de los gremios empresariales y de organizaciones de la sociedad civil.

El antecedente de Paniagua muestra que pueden transcurrir algunos días entre la transición presidencial y la juramentación del gabinete ministerial. Concretamente, en aquella ocasión transcurrió un día para conocerse quién sería el presidente del Consejo de Ministros y tres días para contar con el gabinete. En su momento, Paniagua (militante de Acción Popular como Merino) logró convocar a un gabinete de destacadas personalidades y de “ancha base” política, encabezado por el ex secretario general de la ONU y ex candidato presidencial Javier Pérez de Cuéllar. La presencia de un economista con experiencia, fiscalmente ortodoxo y con posiciones pragmáticas como Javier Silva Ruete dio credibilidad al programa económico.

El escenario ideal sería que Merino conforme un gabinete similar al Paniagua y Pérez de Cuéllar, pero las probabilidades de que ello ocurra son bajas. El nuevo mandatario parte con una legitimidad cuestionada. Según las encuestas, la opinión pública rechazaba el proceso de vacancia y consideraba que Vizcarra debería culminar su mandato para enfrentar a la justicia. La votación de ayer, a pesar de la amplia mayoría que obtuvo dentro del Congreso, ha sido criticada fuera del hemiciclo por medios de comunicación, líderes de opinión y dirigentes políticos sin peso parlamentario, pero con altas expectativas electorales (George Forsyth y Verónika Mendoza, sin bancadas; Julio Guzmán con la única bancada que votó unánimemente en contra; y Daniel Urresti, con un voto solitario en contra dentro de Podemos Perú).

Así, el posible pool de reclutamiento para Merino es limitado. No parece tener a mano una figura como Pérez de Cuéllar que lo dote de poder de convocatoria local y credibilidad internacional. Las figuras políticas y de la sociedad civil críticas de Vizcarra podrían polarizar a la opinión pública, al igual que cualquier señal de un reparto de poder con las bancadas que aprobaron la vacancia. Dado este panorama, es probable que Merino nombre un gabinete “a la Vizcarra”: alguna figura política cercana al actual Congreso o a la oposición, pero que pueda presentarse como una figura de consenso, junto con personas de su círculo cercano (que en este caso, a diferencia de lo que ocurría con el mandatario saliente, pueden incluir militantes partidarios) y un contingente de funcionarios o ex funcionarios de carrera con poca presencia política.

Las próximas horas, queda claro, serán vitales para entender las señales que envíe el primer gabinete de Manuel Merino, así como sus primeros mensajes y actos como nuevo presidente.

Para más información:

Gonzalo Carranza
Director General LLYC Lima
M. 996533584
[email protected]

Paola Fune
Directora Senior de Asuntos Públicos LLYC Lima
M. 999220124
[email protected]