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DE ASUNTOS PÚBLICOS

Grave escándalo protagonizado por un lobista en Estados Unidos

F. Harvey Whittemore, un conocido lobista de Nevada asociado con la industria del tabaco, el juego y el alcohol, ha sido acusado de haber contribuido de forma ilegal con decenas de miles de dólares a la campaña del líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid. Whittemore, que era para algunos el hombre “más poderoso de Nevada”, se enfrenta ahora a un máximo de 20 años de prisión y una multa de hasta un millón de dólares.

Está acusado formalmente de haber utilizado a los empleados de su anterior empresa y a sus esposas para efectuar donaciones a Reid, eludiendo así los límites que impone la ley electoral. Con este sistema, la campaña del líder demócrata llegó a recibir más de 100.000 dólares en un solo día en marzo de 2007.

Aunque Harry Reid no ha sido acusado de ningún delito, su relación con Whittemore era patente desde años atrás y los medios de comunicación hablan de una “larga amistad”, con lo que la vinculación es evidente para muchos y el desgaste político, también. Por el momento, las explicaciones de los demócratas, advirtiendo que donaron buena parte de ese dinero a obras de caridad o al tesoro estadounidense, son insuficientes. Por su parte, la defensa de Whittemore insiste inútilmente en proclamar la inocencia de su cliente, quien, por cierto, ya se encuentra en paradero desconocido.

Este nuevo escándalo demuestra que una regulación más estricta de los asuntos públicos es un paso absolutamente necesario –aunque no suficiente— para detectar y erradicar conductas ilegítimas en las relaciones entre el poder político y el interés privado. Sin duda, la combinación entre regulación y ética en el ejercicio de la gestión de la influencia presentaría un escenario mucho más optimista, tanto para la profesión como para el sistema democrático en su conjunto.