Carlos Ruiz Mateos, director del área de Asuntos Públicos de LLYC y Miguel Laborda, consultor del mismo área, escriben para Agenda Pública.

Con la discusión monopolizada por los top jobs, el impulso que el Consejo Europeo del pasado 20 de junio dio a la lucha contra la desinformación ha pasado casi desapercibido. En él, los líderes nacionales apoyaron el incremento de la supervisión de la Comisión sobre plataformas como Facebook o Twitter y abogaron por reforzar la cooperación. La lucha contra la desinformación aparece ya en la agenda europea al más alto nivel.

El problema es evidente: mientras que la confianza social en el poder de la información ha sido un rasgo permanente, quizá el más definitorio, de la civilización europea, la sustitución de ésta por la emoción, la desconfianza y la imprecisión distorsiona el funcionamiento de la esfera pública, en la que se produce la discusión razonada de los asuntos colectivos. Lo cierto es que la sociedad europea está siendo desafiada en el centro mismo de su identidad.

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