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DE ASUNTOS PÚBLICOS

El Covid-19 y la Energía

Por Alberto Carbajo

Antes de la expansión de la pandemia, ya se había hecho notar en el subsector de hidrocarburos, por una parte, la preocupación mundial por la crisis climática por la excesiva emisión de CO2 y el consiguiente cambio del clima y sus consecuencias y por la otra, el cambio tecnológico que ha dado entrada a tecnologías de producción de energía más respetuosas con el medioambiente y a costes competitivos con las tecnologías convencionales.

Esto presentaba ya un panorama limitado en el medio y largo plazo para el crudo y el gas natural, ya que los países productores están dispuestos a bajar sus precios de crudo para, por una parte expulsar del mercado las producciones de shale-oil y por la otra, sacar al mercado la mayor cantidad de sus reservas, pues de otra forma, con la menor demanda futura, éstas pueden quedarse en el subsuelo. Esto es lo que, de forma muy resumida, explica la guerra comercial entre Arabia Saudí y Rusia las semanas anteriores al estallido de la pandemia. A esta situación ha venido a sumarse el efecto en la caída de la demanda por el efecto del Covid-19. Las reducciones de demanda han sido tales, que a pesar de incrementar hasta el extremo las reservas estratégicas en EE. UU., el precio puntualmente un día incluso fue negativo, estos es, los productores estaban dispuestos a pagar más de 30$/barril para que los compradores retiraran el crudo comprado.

Hoy el Brent ha recuperado el umbral de los 25$/barril, si bien el West Texas aún no ha alcanzado los valores de las semanas anteriores a este torbellino sufrido en los precios. La pregunta es si cuando se supere la pandemia los precios alcanzarán los niveles anteriores que hacían rentables las explotaciones de fracking. En mi opinión, por las razones apuntadas, estos precios han venido para quedarse y eso tendrá en otras consecuencias, un menor incentivo en avanzar, a nivel mundial, en la transición energética porque incentivará la demanda de combustibles fósiles reduciendo los incentivos a la eficiencia y frenará, por tanto, la sustitución de estas energías contaminantes por otros vectores energéticos más limpios.

Con relación a la electricidad, durante la pandemia la demanda eléctrica ha caído de forma dramática en todos los países, arrastrando en su caída a los precios y dificultado hasta el extremo la financiación a este subsector. Después de la pandemia, las cosas no serán como antes: los viajes se reducirán sustituyendo las reuniones presenciales por las efectuadas por vía telemática y por otra parte, se incrementará el teletrabajo, ahora ensayado con éxito, durante el confinamiento, ambas cosas van a producir una reducción de la demanda y una caída de las emisiones.

Las energías renovables presentan unos costes variables muy próximos a cero, es decir son tecnologías inframarginales. La caída de la demanda con un parque de generación en el que abunden las renovables el precio del mercado puede reducirse, hasta el punto de que éste no constituya una señal para la nueva inversión y se ponga en riesgo la transición energética. Habrá que modificar el mercado e ir a una modalidad en el que el precio, junto con los servicios de ajuste, complementado con una garantía de potencia o un mercado de capacidad ayude a la recuperación de las inversiones

A este respecto, se señala que el Covid-19 adelanta la necesidad de la modificación del citado marco regulatorio. Pero cabe pensar cómo afecta la crisis de la pandemia a este proceso de transformación energética, pues bien, por una parte, hay factores que podrían interpretarse como frenos a la misma como son la caída de los precios de los hidrocarburos que, como ya se ha dicho, desincentivan la sustitución, la aparición de otras necesidades más prioritarias de tipo económico y social como el mantenimiento de rentas o las decisiones de mejorar nuestra sanidad y de disponer de material sanitario, puesto de relevancia como estratégico durante la pandemia, o la falta de liquidez a pesar de la percepción del incremento del ahorro, pero con retraimiento de la inversión. Pero, en cambio, otros factores pueden ser considerados aceleradores de la transición energética como pueden ser el teletrabajo, la menor movilidad ambos ahorrarán combustible y emisiones, el acercamiento   de las cadenas de suministro y la percepción de que la sociedad recupera el valor de los bienes públicos como la sanidad y el medioambiente.

Recuperada la situación económica, y a ello contribuirá parcialmente la mencionada transición, no habrá duda que el New Green Deal de la Comisión Europea será el eje estratégico que transformará la energía y con ello la sociedad, pues es la energía el sector donde se produce más riqueza y se absorbe más empleo que otros sectores.