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jóvenes

Tribuna de Joan Navarro, socio y vicepresidente de Asuntos Públicos de LLORENTE & CUENCA, publicado el 28 de abril en el semanario El Siglo de Europa:

Crecemos, creamos empleo, pero nos queda otra España, más pobre, más desigual, con más niños bajo el nivel de la pobreza, menos clase media, menos protección social, peor educación, y nada de esto era inevitable. La crisis no sólo fue económica, fue política. Desde la desaparición del CDS, no habíamos tenido una transformación tan profunda de nuestro sistema de partidos.

En 2013 el bipartidismo estaba claramente en declive y la izquierda se abstenía concentrando el poder en el PP. En 2014 todo cambió, la abstención encontraba nuevas opciones capaces de traducir indignación en diputados. En 2015, Podemos y Ciudadanos se convierten en gestoras del nuevo clima de político. Aire fresco, esperanza y también precaución. Nuevas élites, pero los viejos problemas seguían sin solución. Tras la larga campaña electoral y casi un año sin Gobierno, las promesas se estrellaron con la realidad. Una nueva izquierda no logró sustituir a los socialistas, que incapaces de alcanzar acuerdos, quedaron condenados a sostener la continuidad del PP. Por el centro-derecha, el miedo a Podemos pudo más que la decepción con el PP, que, aun perdiendo un tercio de sus votantes, conservó el Gobierno dando paso a un nuevo juego, el multipartidismo, del que sólo sabemos que no sabemos nada.

No podemos permitir que los jóvenes, también tras años de esfuerzo y preparación, empiecen a mirar al sistema, todo el sistema, como una estafa.

Las corrientes de fondo persisten. El PP se sostiene en el Gobierno sin más misión que evitar que los demás alcancen acuerdos para arrebatárselo. El PSOE, en una izquierda sin hegemonías, sin soluciones para los jóvenes, ni para las clases medias urbanas ni para el conflicto territorial, se encuentra condenado a competir por los mismos electores que el PP, mientras Podemos y Ciudadanos luchan simplemente por no perder lo que alcanzaron. Hoy, los electores son menos fieles a sus partidos, apuestan menos por sus líderes. A derecha e izquierda crece la decepción y los indecisos. Nada está asentado, el sistema de partidos esta aún lejos de ser definitivo.

La crisis nos ha hecho más pobres y desiguales, más inestables y peor preparados para hacer frente a los problemas que nos trajeron aquí. El 20% de nuestra población, a pesar del esfuerzo y el trabajo duro, se quedó atrás con la crisis y espera soluciones. No podemos permitir que los jóvenes, también tras años de esfuerzo y preparación, empiecen a mirar al sistema, todo el sistema, como una estafa. Necesitamos un nuevo pacto de convivencia para quienes, como buena parte de los catalanes, ya no quieren convivir en la misma casa. Y pronto, cuando empecemos a dar soluciones al presente, tendremos que levantar la mirada, pues el mundo no nos ha esperado, la Unión Europea ha perdido peso y estamos peor preparados frente a las nuevas batallas comerciales y tecnológicas que ya están en marcha y que destruirán buena parte de nuestro empleo y nuestra riqueza.

Nada de esto se oye en el Parlamento pues, tras tres años de campaña electoral, cualquier acuerdo aún suena a claudicación. ¿Qué impide que Podemos y el PSOE propongan un pacto de rentas que devuelva la dignidad a desempleados y a los trabajadores pobres, a cambio de apoyar un pacto fiscal liderado por Cs y PP, que dé estabilidad al crecimiento económico que exigen las empresas? Hoy, el principal obstáculo para dar respuestas serias a problemas serios, son unos partidos débiles, con unos electorados volátiles y caprichosos, y unos líderes provisionales.

Pero también este podría ser el punto de partida; reconocer que la política necesita ilusiones, pero sólo vive de acuerdos, de compromisos, que son los únicos que en sociedades complejas hacen que las cosas cambien. Hay mucho de decepción en la política democrática, como bien señala Innerarity, pero es política y no espectáculo de plató lo que necesitamos. El bipartidismo no lo logró. ¿Correrá la misma suerte el multipartidismo? ¿Y después?

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